“Buenos días señorita, es el sonido que queda para siempre en nuestros corazones”

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Cada 11 de septiembre se celebra el Día del Maestro en conmemoración al fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, considerado “el padre del aula” de la Argentina. En este marco, las maestras reflexionaron sobre sus comienzos y los vínculos especiales que las unen a la infancia.

Sandra Cortéz se formó como docente en su pueblo, Ingeniero Juárez, y su primer trabajo lo tuvo a 70 kilómetros de allí. “Cuando me recibí, ya a los 15 días estaba trabajando a 70 kilómetros de Juárez y mi mayor alegría fue convivir con los niños y niñas. Nosotros no sabíamos dónde nos tocaría enseñar y nadie quería ir al campo, yo fui y sigo trabajando ahí”.

Para la “Seño Sandra”, de la Escuela Provincial de Educación Primaria Nº 389 de El Churcal, estar en el aula no es sólo ser maestra, también es “hacer un poco de mamás, de enfermeras, es festejar cumpleaños y hacer barriletes de papel”.

La docente comentó que cada año se celebra el “Día del Niño” entre sus estudiantes y que en este contexto de pandemia se las ingenió para no dejarlo pasar. “Este día del niño les tuve que explicar que no se podía celebrar como siempre, así que les hice bolsitas a cada uno y llegué a sus casas con mi golcito (diminutivo de automóvil Gol) para entregarles. Hicieron filas manteniendo la distancia y les entregué sus presentes que tenían algunos juguetes”.

Detalló que se trata “de un grupo de alumnos de la comunidad Qom muy lindo, son muy dinámicos y ahora estamos trabajamos por grupos. Ellos ya aprendieron que tienen que utilizar los barbijos, se lavan las manos y se colocan alcohol en gel”.

“Esperan con ansias los encuentros con sus maestros, nos organizamos en grupos y a quienes no vienen a clases a la escuela se les acompaña en sus casas con las tareas domiciliarias, no les falta el desayuno y almuerzo que se brinda de lunes a viernes”, agregó Cortéz.

Sobre el final, la docente agradeció a “Dios y al Gobierno provincial, porque nosotros estamos bien y de esto vamos a aprender como sociedad, vamos a salir adelante. Si bien somos maestros, todos somos alumnos de la vida”.

Poner el corazón

Por su parte, Urbana Gladys Florenciañi, comentó que se encuentra próxima a tramitar su jubilación y que sus años de experiencia le enseñaron que “se debe poner el corazón en lo que se hace, ya que somos movilizadores para nuestros estudiantes”.

En este sentido, recordó que comenzó a enseñar a sus 19 años en la Escuela n° 379 del barrio Eva Perón, “muy diferente a lo que es ahora; y tuve 45 chicos del 3er grado, en el que los vi y era decidir si quedarme o irme. Eran adorables, por supuesto que me quedé”.

Asimismo, comentó que siempre trabajó con amor y que “nunca se termina de aprender”; además, “siempre alguien está mirando”.

La docente recordó que fue la primera maestra de la Escuela n° 501 del barrio Venezuela junto al docente Vicente Alegre, “luego fui a la N° 3, en Irigoyen y Mitre donde enseñé 18 años y luego a la N°44 de la Unidad Penal N° 1; donde conocí un montón de historias, muchas muy dolorosas”.

Cabe señalar que Florenciañi trabaja hace 13 años en el Núcleo Educativo y de Formación Profesional N° 44, unidad educativa perteneciente a la Modalidad de Educación Permanente de Jóvenes y Adultos, institución formativa para las personas privadas de su libertad.

Para finalizar, remarcó que el “Buenos días, Señorita”, es el sonido “más hermoso que queda para siempre en nuestros corazones y es algo que una se lo gana con la forma de ser y las actitudes; deberíamos entender lo movilizadores que somos para nuestros estudiantes y poner el corazón en todo lo que hacemos”.