Evocan a monseñor Scozzina a ocho años de su fallecimiento

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La grey catolica formoseña evoca este 11 de junio a monseñor Raul Marcelo Scozzina, obispo emérito de la diócesis local, quien falleciera hace ocho años tras padecer una larga y penosa enfermedad.

Murió un día sábado a las 22 horas en el Hospital de Alta Complejidad “Presidente Juan Domingo Perón” de esta ciudad, donde había sido internado casi un mes atrás.

Tenía 89 años de edad y por decisión suya sus restos descansan en una sencilla capilla de Alto Alegre donde descubriese en sus giras episcopales la imagen de la Virgen de los Pobres.

La humildad característica de la personalidad de este cura fue abrevada de sus padres campesinos, humildes trabajadores de la tierra, descendientes de italianos que lo vieron nacer un 14 de agosto de 1921 en San Martín Norte, Santa Fé.

Su aparente apatía se quebraba con una sonrisa tierna ante la presencia de los humildes, de los niños, de los aborígenes, de los campesinos, de los enfermos, de los abuelos, de los pobres de solemnidad.

El 21 de julio de 1957, con 36 años, fue consagrado obispo de Formosa. Quienes lo conocieron admiten que Raúl Marcelo Scozzina jamás claudicó ante los poderosos. Conocido con el nombre de padre Pacífico, asumió como conductor de la iglesia de la provincia, cuya población tuvo ocasión de verlo y conocerlo por sus interminables viajes a lo largo y ancho del territorio.

Ese momento inolvidable de su trayectoria se suma a otros dos hitos: cuando en 1966 Paulo VI -a quien siempre admiró- le otorgó la gracia de colocarle la corona pontificia a la imagen de la Virgen del Carmen; y cuando tras superar graves problemas de salud regresó a Formosa y ya jubilado cumplió su sueño de siempre: hacer realidad el Vía Crucis Formoseño.

Scozzina había nacido el 14 de agosto de 1921, en Santa Fe, en una familia de humildes trabajadores de la tierra, descendientes de italianos, había sido consagrado obispo de Formosa el 21 de julio de 1957, a los 36 años.

En 1978 renunció por razones de salud o, según aseguran muchas personas que estuvieron cerca de él, por las presiones que habría recibido la cúpula episcopal de parte de las autoridades militares por su defensa de los derechos humanos.

Lo sucedieron al frente de la diócesis monseñor Dante Sandrelli -cuyos restos descansan en la catedral de Formosa- y el actual obispo, monseñor José Vicente Conejero Gallego.

Cuando en 2009  prestó declaración testimonial en el juicio al ex gobernador militar Juan Carlos Colombo, se recordó que en repudio del golpe de Estado de 1976 ese prelado había ordenado cerrar las puertas de todas las iglesias de la provincia.

Conocido por la gente como el “Padre Pacífico”, nunca perdió el contacto con los humildes. Llegó a todos los rincones de la provincia a lomo de caballo, de mula o de burro; en carro, en volantas o a pie para visitar los parajes más inaccesibles.

Siempre inquieto por la situación de los aborígenes y los campesinos sin tierra, fue guía espiritual de los dirigentes de la Unión de Ligas Campesinas Formoseñas (Ulicaf).

Se despojaba de las cosas de valor que le regalaban -relojes, prendas y hasta su crucifijo de obispo- para atender las necesidades de los más pobres.

El vía crucis más largo

La obra material en la que monseñor Scozzina vivirá eternamente es un vía crucis de 14 estaciones que fue reconocido como el más largo del mundo por Guinness International. Se extiende desde esta capital hasta el límite con Salta, paralelamente al trazado de la ruta nacional N° 81.

Esas 14 cruces están enclavadas en puntos estratégicos a la vera de la ruta a la que, por pedido del pueblo formoseño, se le impuso el nombre del pastor en el tramo comprendido entre esta ciudad y el límite con Salta.

Monseñor Conejero Gallego fue el encargado de  celebrar una misa exequial  en la Iglesia Catedral “Nuestra Señora del Carmen” y luego el féretro con los restos del pastor fueron  llevados al panteón de los Padres Franciscanos en el cementerio Virgen del Carmen de esta ciudad.

Poco tiempo después , tal como lo dispuso monseñor Scozzina en su testamento, fue trasladado para que descanse definitivamente en una humilde capilla del oeste formoseño, en el paraje Campo Alegre, habitado en su mayoría por aborígenes y donde hay una imagen tallada en madera de la Virgen de los Pobres.

“Realizaremos  este deseo suyo para que  sea, a la vez, signo para los formoseños de su amor entrañable por los más pobres; como Jesús, que vino a anunciar la buena noticia a todos, pero con una especial predilección por los pobres”, dijo Conejero durante una misa multitudinaria.

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